viernes, 9 de junio de 2017

"The leftovers", adiós a una maravilla


Director: Damon Lindelof (Creator),  Tom Perrotta (Creator),  Mimi Leder,  Keith Gordon, Carl Franklin,  Peter Berg,  Craig Zobel,  Lesli Linka Glatter,  Michelle MacLaren, Daniel Sackheim,  Nicole Kassell,  Tom Shankland
Guión: Damon Lindelof, Tom Perrotta, Kath Lingenfelter, Jacqueline Hoyt, Curtis Gwinn

Música: Max Richter
Fotografía: Todd McMullen

Reparto: Justin Theroux,  Amy Brenneman,  Carrie Coon,  Christopher Eccleston,  Ann Dowd, Amanda Warren,  Liv Tyler,  Michael Gaston,  Margaret Qualley,  Emily Meade, Max Carver,  Regina King,  Kevin Carroll,  Jovan Adepo,  Charlie Carver,  Annie Q., Natalie Gold,  Frank Harts,  Danny Flaherty,  Tiffani Barbour,  Inna Muratova, Janel Moloney

Productora: HBO


Drama catártico centrado en cómo la sociedad intenta asimilar, después de dos años, la desaparición del 2% de la población mundial. Este fin de semana se ha emitido el último de sus 28 capítulos, tras 3 temporadas. (Spoilers marcados en negrita)




Si hubo una serie que realmente dejó claro el comienzo del esplendor de las series de televisión, esa fue "Lost". Más allá del techo de calidad dejado por "The Wire" o "Los Soprano", "Lost" fue seguida por millones de personas a la vez en todo el mundo, expectantes tras cada estreno, que preferían descargar directamente horas después los episodios en versión original que esperar al día siguiente al doblaje en su país. "Lost" fue la primera y mayor obsesión televisiva mundial, mucho mayor que la vivimos ahora con "Game of thrones", y como tal creo expectaciones exageradas en unos seguidores ávidos de saber que pasaba en el siguiente capítulo. "Lost" es una serie de ciencia ficción, basada en mostrar hechos al espectador que no se puede explicar, creando intriga y jugando con el misterio, una serie fruto del "to be continue" de antaño que acabo siendo devorada por sí misma. El misterio quiso ser tan grande que la expectación creció exponencialmente y la serie acabó siendo víctima de sí misma. Me encuentro entre los pocos que sintió cierta satisfacción con su final, más interesado en el final de sus personajes que en la resolución imposible de sus enigmas. Pero entiendo la indignación, sobradamente. Sin embargo, hay algo que me gustaba especialmente de la serie de JJ abrams y Damon Lindelof y que se fue perdiendo a lo largo de las temporadas y es el mimo y la ternura con la que narraban las vivencias de cada uno de sus personajes (como en aquellos míticos "flashbacks"). Ejemplo de ello fueron los excelentes capítulos "Not Penny's boat" o "The constant". Había algo especial en aquellas narraciones, no era un mero "Expediente X" en una isla desierta, había algo intenso y auténtico en aquellas personas perdidas. Pero al final el misterio acabó comiendo al drama y la serie cayó en un agujero negro.

Desmond encontró su constante





"Lost" marcó de algún modo a sus creadores. Por ello, cuando David Lindelof, ya sin JJ Abrams, estrenó "The leftovers" en 2014, la sombra de los supervivientes de la isla se hizo presente. Pero esta vez su asociación con Tom Perrota, autor del libro en el que se basa la serie, dio lugar a una mezcla tan extraña como brillante. El característico toque de los mejores capítulos de "Lost" tomó la riendas de la historia, volviéndose el motor principal de una narración volcánica, angustiosa y por momentos desconcertante que sumerge al espectador de lleno en el viaje de sus personajes hacia su redención personal. Sus primeros capítulos dejan claro que jamás sabremos lo que realmente pasó con aquellas personas desaparecidas dos años atrás. Sin embargo, es aquí donde se encuentra la verdadera genialidad de la serie. Sus personajes se encuentran desolados, devastados por una pérdida a la que jamás podrán dar una explicación en medio de una sociedad necesitada de respuestas, en la que sectas religiosas se aprovechan del dolor ajeno para crecer y convencer a la gente de que nada merece la pena, de que todo se ha acabado. Es este viaje emocional donde "The leftovers" encuentra esa fuerza opresiva que la caracteriza. Sus misterios son únicamente el medio con el que la narración juega con los protagonistas, tan solo un vehículo que los conduce hasta el desenlace final. Si lo que buscas es jugar a los enigmas, a adivinar quién es el humo negro, a las teorías de conspiración, lee un libro de Agatha Christie, porque esta no es tu serie.


"The leftovers" es un drama. Un drama magnífico sobre el dolor, sobre la culpa, sobre las mentiras de la religión, sobre las mentiras que nos contamos a nosotros mismos. Pero sobre todo un drama sobre el inevitable hecho de que no todo en la vida puede tener explicación. Los protagonistas buscan respuestas de múltiples modos, encontrando únicamente más insatisfacción y desconcierto detrás de cada nueva pista. Sólo el personaje central de Kevin (Justin Theroux) se encuentra realmente centrado en intentar seguir adelante, en aparentar normalidad, en ser simplemente un jefe de policía cualquiera. Es esta búsqueda de la normalidad lo que precisamente hace que sea él el centro de todos los sucesos, tanto cotidianos como paranormales, que acontecen en la serie. Kevin sólo busca ser "El guardian entre el centeno", ser feliz, enamorase y estar cerca de su familia. Todo lo que le pasa lo afronta con nostalgia, con ganas de terminar, con un inconmensurable deseo de volver a casa. El momento en que canta en un karaoke "homeward bound", de Simon and Garfunkel, es desgarrador.


"Homeward bound" por cortesía de Kevin Garvey




Es, además, una serie de momentos. Cada capítulo es una pequeña obra maestra, un poético homenaje a la búsqueda de uno mismo, a la superación, a la voluntad humana para seguir adelante. Cada capítulo es una pequeña historia individual llena de melancolía y sentimiento combinados con un toque de surrealismo metafísico que da lugar a momentos memorables. Sólo en "The leftovers" podemos ver como un cura recupera su iglesia jugándose todo en un casino, los viajes astrales de Kevin, o como un león salido de una orgía engulle al mismísimo Dios, por nombrar algunos. Pero además, es una historia de amor. Es la historia de como Kevin y Nora (Carrie Coon) se conocen, de como se buscan, de como se repelen, de como se ocultan las cosas y de como se las cuentan. Es la historia de amor de una mujer dispuesta a ser fulminada por un rayo por volver a ver a sus hijos con un hombre que intenta suicidarse una y otra vez ahogándose con una bolsa de plástico. Se culpan y se perdonan, se aman, se odian y se vuelven a amar, se separan y se juntan como moléculas de agua. Hasta el desenlace final.


Bailando con Otis


Porque si hay un logro que supone la guinda final es precisamente su último capítulo. No se me puede ocurrir mejor forma de terminar esta historia que con un cierre tan redondo, romántico y sincero como el de "The leftovers". En mi memoria quedará para siempre la hermosa despedida de Nora y Matt al principio del capítulo, o el reencuentro de Kevin y Nora bailando al son de Otis Redding en la boda de unos desconocidos. Es una serie tan desgarradora, tan bonita, enigmática, descorazonadora y genial que hace que cosas tan brillantes como su banda sonora, fotografía o estructura narrativa pasen a un segundo plano. Apareció sin mucho ruido, se convirtió en una serie de culto y terminó por ser una de las mejores series jamás hecha. "The leftovers" nunca ha sido "Lost".

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